Agite antes de abrir es una caja de arte, donde cada átomo-obra se encierra, entregada a su porvenir. Aparecen fragmentadas, desordenadas, caóticas, pero dentro de una unidad caprichosa: la caja misma, que resulta del aburrimiento de un grupito, también desordenado, de personas.
Este microcaos no busca ordenarse en sí mismo. Reclama a gritos un receptor activo, juguetón, curioso. No hay límites, la variación es en principio infinita, determinada, únicamente, por el paso del tiempo y el ánimo con el cuál encontremos al azar.
No hay un genio creador, no hay hermenéutica del objeto-cosa. La unidad aparece a partir de la muerte del origen y del destino. Asistimos a un devenir, no vemos una joven que se ha hecho vieja, vemos el envejecimiento.
La caja puede contar una historia, reclamar un cambio, sollozar un estado de ánimo, gritar blasfemias, dormir tranquila. Una vez más, no hay límites, la variación es inagotable. Lo único necesario: Agitar antes de abrir.